jueves

Viviendo el día a día, un día a la vez (buen día)

Este mundo en constante cambio que no da respiro, está lleno de sorpresas. Unas halagan, otras aturden. Emerge así, la importante necesidad del entrenamiento de la voluntad; para resistir los golpes de la vida es fundamental el desarrollo de la voluntad. Hablo de fuerza de voluntad, ésa que se necesita para transitar por la vida cotidiana. La forma de la voluntad, la forma de la vida o de la realidad, no es más que el presente y no lo porvenir ni lo pasado, que no existen más que para la abstracción y por el encadenamiento de la consciencia; pues el pasado y el porvenir no encierran más que abstracciones y fantasmas del espíritu. El presente es esencialmente fugitivo.
El individuo, como cosa en sí, es la voluntad que se manifiesta en todas partes, y la muerte viene a disipar la ilusión que separa su consciencia de la consciencia universal. El hombre, por medio del conocimiento, aprende a conocer su carácter, no obstante, es su propia obra antes de todo conocimiento, y éste viene a unírse a él meramente para alumbrarlo, puesto que esto es así y no al revés, como se ha llegado a creer que cada hombre llega a ser lo que es a consecuencia de su conocimiento. Como fenómeno de la naturaleza, la voluntad en el hombre logra alcanzar la plena consciencia de sí. La consciencia es siempre intencional, siempre apunta o se dirige a objetos. Casi no podemos aprender con total certeza tal o cual supuesto de consciencia en sí misma, sino sólo la consciencia de esto o aquello. Objetos diferentes aparecen ante la consciencia como constitutivos de las diferentes esferas de la realidad. Cuando paso de una realidad a otra, experimento a causa de esa transición un especie de impacto, una impresión. Este impacto es causado por el desplazamiento de la atención que implica dicha transición. Este desplazamiento puede observarse con suma claridad al despertar de un sueño.
La vida cotidiana se presenta como una realidad interpretada por los hombres y que para ellos tiene el significado subjetivo de un mundo coherente. El mundo de la vida cotidiana no sólo se da por establecido como realidad por los miembros ordinarios de la sociedad en el comportamiento subjetivamente significativo de sus vidas; es un mundo que se origina en sus pensamientos y acciones y que está sustentado por ellos como real.
Para el propósito que nos ocupa este texto, debemos antes, aclarar los fundamentos del conocimiento en la vida cotidiana, a saber, las objetivaciones de los procesos subjetivos por medio de los cuales se construye la red social del sentido común.
Ahora bien, retomando lo comentado en el segundo párrafo, reconozco a mis semejantes con los que tengo que tratar en el curso de la vida cotidiana, como pertenecientes a una realidad muy diferente de las figuras que aparecen en mis sueños. Éstos provocan varias tensiones en nuestra consciencia y se le presta atención en diferentes grados. Descubro así, que mi consciencia es capaz de moverse en diferentes esferas de la realidad. Dicho de otro modo, tengo consciencia de que el mundo consiste en realidades múltiples indisociables entre sí.
Entre las múltiples realidades existe una que se presenta como la realidad por excelencia. Es la realidad de la vida cotidiana. La tensión de la consciencia llega a su apogeo en la vida cotidiana, es decir, ésta se impone sobre la consciencia de manera masiva, urgente e intensa en el más alto grado. Consecuentemente me veo obligado a prestarle atención en su totalidad; entonces, experimento la vida cotidiana en estado de plena vigilia. Este estado de plena vigilia constituye mi actitud natural.
Aprendo la realidad de la vida cotidiana como una realidad ordenada, que se presenta ya objetivada en objetos externos que estaban antes que yo apareciese en escena. De esta manera, el lenguaje usado en la vida cotidiana me proporciona contínuamente las objetivaciones indispensables y dispone el orden dentro del cual éstas adquieren sentido y la vida cotidiana tiene significado para mí en la sociedad y llena esa vida de objetos significativos.
La realidad de la vida cotidiana se organiza alrededor del aquí de mi cuerpo y el ahora de mi presente, como se dijo anteriormente. Este aquí y ahora es el foco donde centro la atención que presto a la realidad de la vida cotidiana. Sin embargo, la realidad de la vida cotidiana no sólo es marcada por estas presencias inmediatas, sino que también abarca fenómenos que no están presentes aquí y ahora. Esto significa que yo experimento la vida cotidiana en diferentes grados de alejamiento y proximidad (perspectiva), temporal y espacialmente. Lo más próximo es la zona de vida cotidiana directamente accesible a mi manipulación corporal; es el mundo que está a mi alcance, en el que actúo a fin de modificar su realidad. En este mundo de actividad, mi intención está determinada principalmente por lo que hice, por lo que hago o lo que pienso hacer en él. De este modo, es mi mundo por excelencia; aunque, por otro lado, soy consciente que hay zonas que resultan fáciles de acceder (el mundo incosciente). Típicamente, mi interés por ésas zonas lejanas es menos intenso y menos urgente.
La realidad de la vida cotidiana se me presenta además como un mundo intersubjetivo que comparto con otros. En realidad no se puede existir sin interactuar y comunicarse contínuamente con otros. Estoy sólo en mis sueños pero sé que el mundo de la vida cotidiana es tan real para los otros como lo es para mí. Sé que mi actitud natural para con este mundo corresponde a la actitud natural de otros que también aceptan las reglas que ordenan este mundo en torno aquí y ahora, de su estar y actuar en él; y que su perspectiva es distinta de la mía. Además, sé que hay una correspondencia contínua entre mis significados y sus significados de este mundo, que compartimos un sentido común de la realidad de éste. La actitud natural es la actitud de la consciencia del sentido común. El comocimiento del sentido común es el que comparto con otros en las rutinas actuales y auto-evidentes de la vida cotidiana.
Pues bien, repito que la vida cotidiana se da por establecida como la suprema y única realidad. No requiere verificaciones adicionales sobre su presencia. Esta ahí, sencillamente. Sé que es real; pero no todos los aspectos de ésta realidad son no problemáticos. La vida cotidiana se divide en sectores, unos que se aprenden por rutina, y otros que me presentan problemas a resolver de diversas clases. Así empiezo a incorporar conocimientos y habilidades nuevas que enriquecen mi realidad. En tanto las rutinas de la vida cotidiana prosigan sin interrupción, serán aprendidas como no problemáaticas; pero el sector no problemático de la realidad cotidiana sigue siéndolo sólamente hasta nuevo aviso, es decir, hasta que su continuidad sea interrumpida por un nuevo problema. Cuando esto ocurre, la realidad de la vida cotidiana busca integrar el sector problemático dentro de lo que ya no es problemático. Es la calidad del sentido común que contiene las diversas instrucciones para procesar esto.
La realidad social de la vida cotidiana es pues aprendida en un contínuo de tipificaciones que se vuelven progresivamente anónimas a medida que se alejan del aquí y ahora de la situación cara a cara. En un polo del contínuo están aquellos con quienes me trato a menudo e interactúo intensamente en situaciones cara a cara; y en el otro, hay abstracciones sumamente anónimas. Ahora bien, la estructura social es la suma total de estas tipificaciones. En ese carácter la estructura social es un elemento esencial de la realidad de la vida cotidiana.

7 comentarios:

  1. Siempre creí que era al revés, que uno se formaba en base a las experiencias vividas. Pero desde este punto de vista, es lógico. Uno no se pone en situaciones que sabe no va a poder manejar.

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  2. Por supuesto que la formaciòn personal conlleva esfuerzos y reflexiones que van màs allá de la experiencia y la puesta en práctica de las ideas o pensamientos que se te puedan ocurrir. La cuestión está en cómo desenvolverse dentro de ese marco de experiencias y vivencias sin renunciar al pobre sentido común que compartimos todos los aborrecibles seres humanos. No entiendo a qué te referís cuando decís que "desde este punto de vista es lógico" ¿que?.
    Por otro lado, creo que a veces (y muy seguido), entramos en situaciones que están fuera de nuestro alcance o de control o manejo. Ahora, por qué y para qué, bueno, eso es lo difícil de descifrar.

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  3. Supongo que e para evolucionar como seres "humanos". Para lograr dejar de ser tan aborrecibles...

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  4. Lo único aborrecible es la mentira, porque la belleza pertenece a la verdad

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  5. La mentira es parte del ser humano.
    Por eso somos seres aborrecibles que buscamos eternamente la belleza.
    Somos seres repugnantes que nos arrastramos sobre nuestras barrigas, buscando ese manantial de agua cristalina que limpie nuestra alma de sus impurezas. Que nos permita caminar erguidos, orgullosos de nuestra existencia. Pero lo único que nos puede limpiar es la verdad, pero nos negamos a la verdad.
    Porque la verdad no ofende,; pero duele.

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  6. Yo aborresco más la falta de atención que a la mentira, porque la primera insulta al que está tratando de decir algo, ignorándolo y ninguneándolo por completo.
    Odio a las personas que dicen "sí sí" cuando en realidad ni siquiera te están escuchando.

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  7. La falta de atención puede llegar a ser una enfermedad. Pero la mentira habla de la malicia de la persona que miente.
    La persona que expresa una afirmación sabiendo que no es la verdad humilla a la/s persona/s que escuchan y creen la mentira.
    Si alguien, por cualquier causa pierde el hilo de una conversación, puede retomarla diciendo ¿Qué decias?.
    Pero cuando descubris la mentira las cosas cambian. No hay manera de negar que no sabías que estabas mintiendo.
    Yo prefiero la falta de atención de mi interlocutor a la mentira.
    Pero claro, es mi opinión.

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